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3 COSAS QUE APRENDERÁS AL IMPARTIR YOGA PARA NIÑOS

Por Guillermo Arriaza

“Imagina que tienes que estirar tanto tus brazos como para arrancar una manzana de un árbol”. “Ahora imagina que estás revolviendo una pócima mágica en una olla. Primero a la derecha … luego a la izquierda.” ¿Te imaginas dar estos ejemplos como profesor de Yoga en tus clases para adultos?

El Yoga para niños no sólo te permite explorar una nueva forma de transmitir tu práctica, sino que también te recordará estas 3 valiosas enseñanzas:

1. Pásatelo como un niño.

Adaptar tus clases de Yoga al lenguaje de un niño no sólo te obligará a sacarte de encima la etiqueta de “profesor de Yoga iluminado” y de “modelo a seguir”, sino que también te enseñará a implementar la creatividad como herramienta para lograr una comunicación positiva con tus alumnos.

Prepárate para divertirte y ponerte a su altura. Recuerda que una clase de Yoga no solo contiene asanas; puedes incorporar otras actividades como el arte, la danza, instrumentos musicales, cuentos mitológicos, pintura, juegos de respiración, …

Date la libertad de reinventar el yoga, renombrar o inventar sus posturas. Si tú lo pasas bien, ellos se divertirán contigo y los beneficios mentales, físicos y emocionales del Yoga aparecerán de forma más directa y eficaz.

>>> ¿Quieres unirte a nuestra próxima edición de la Formación de Yoga para niños? Te enviamos el programa aquí. 

2. Acepta la ley de la selva.

Seguramente estés acostumbrado a que tus alumnos sigan al dedillo tus maravillosas secuencias.

Mientras que la preparación es la clave para muchas cosas en la vida, en una clase para niños es importante que aprendas a ser capaz de tirar por la borda tu plan y a seguir el flow y la energía de tus alumnos.

La clave: ten un camino a seguir y una mente abierta. Recuerda que cuando una persona enseña, dos aprenden. ¡Así que tal vez tengas que aprender a no tenerlo todo siempre bajo control!

>>> Si te está gustando esta lectura tal vez te interese este otro post: los beneficios del Yoga para niños

3. Aprende a respirar (otra vez).

“Se pueden aprender muchas cosas de un niño. Cuánta paciencia tienes, por ejemplo.” Franklin P. Jones

Así como los adultos elegimos acudir a nuestra práctica, no siempre es igual en el caso de un niño. A veces, éstos llegan cansados, hambrientos, preocupados o sobreexcitados y simplemente no tienen el día para hacer Yoga.

Si percibes unos ojos entornados al explicar una postura, si ves alguna mueca a la hora de contarles una historia o si recibes una queja al proponer un ejercicio, respira y sé compasivo.

Recuerda que toda la paciencia que aprendiste para avanzar en tu práctica de Yoga vendrá a tu rescate cuando menos te lo esperes.

En definitiva, enseñar Yoga a niños puede ser un gran reto pero también un gran regalo como profesor y como persona. Si impartir este tipo de clases es algo por lo que te sientes atraído, lo único que puedo decirte es: ¡lánzate y no tengas miedo de aprender con la curiosidad de un niño!

¿Has pensado en aprender Yoga para niños? ¿Te han ayudado estos consejos pero te sientes intimidado ante la idea de ponerlo en práctica? Si eres profesor de Yoga, padre/madre, maestro o trabajar activamente con la infancia, pide el programa sobre nuestra Formación de Yoga para niños en Mandiram.

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